Homenaje a la entradilla

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En nuestra décima entrada, en vez de protestar, queremos celebrar los buenos comienzos.

Ahí van algunas de las mejores entradillas que hemos leído.

Esperamos que os guste.

1. ENTRADILLAS CORTAS

Ha muerto el hombre más odiado del mundo.
News Story. 1945. Tras la muerte de Hitler

Nunca antes en la historia una ciudad moderna había sido destruida por completo. San Francisco ha desaparecido. 
Collier’s Weekly. Abril 1906. Jack London.

Crónica sobre un terremoto e incendio

Billy Ray Smith encendió un cigarrillo teniendo los pies sumergidos en petróleo. Es posible que sobreviva.
Sobre un suceso

Hace 15.000 millones de años, el universo registró una inmensa explosión. Y unos científicos de la Universidad de California en Berkeley han anunciado que ellos la acaban de oír.
The Independent. 25 de abril de 1992.

El hombre imperfecto jugó ayer un partido perfecto.
Daily News. 9 de octubre de 1956. Jim Trimble. 
Crónica de un partido de beisbol protagonizado por Don Larse, definido por el periodista como un “espíritu libre al que le gusta la vida alegre”.

Cada vez iba a peor.
The New York Times. 12 de septiembre de 2001. N. R. Kleinfield
Crónica sobre el 11-S

2. ENTRADILLAS DE REPORTAJES Y PERFILES

Frank Sinatra, con un vaso de bourbon en una mano y un pitillo en la otra, estaba de pie, en un ángulo oscuro del bar, entre dos rubias atractivas aunque algo pasaditas, sentadas y esperando a que dijera algo. Pero Frank no decía nada. Había estado callado la mayor parte de la noche y ahora, en su club particular de Beverly Hills, parecía aún más distante, con la mirada perdida en el humo y en la penumbra, hacia la gran sala, más allá del bar, donde docenas de jóvenes y parejas estaban acurrucadas alrededor de unas mesitas o se retorcían en el centro del piso al ritmo ensordecedor de una música folk que atronaba desde el estéreo. Las dos rubias sabían, como también los cuatro amigos de Sinatra, que era una pésima idea entablarle conversación cuando estaba de ese humor tan tétrico, un humor que le había durado toda la primera semana de noviembre, un mes antes de que cumpliera los cincuenta años.
Sinatra está resfriado. Esquire, abril 1966. Gay Talese

¿Cuál es el precio de la gloria?

Dos ojos, dos piernas, un brazo: 12 dólares al mes.
Washington Herald, 1924. Historia sobre la pensión de un veterano de la Primera Guerra Mundial. St. Clair McKelway

Stanley Ketchel tenía veinticuatro años cuando fue fatalmente baleado por la espalda por el marido de la dama que estaba preparando su desayuno.
True. Mayo de 1954. John Lardner. Perfil de un boxeador

3. DE RISA

Un obrero de mediana edad de Colorado, en una misión autoproclamada para ayudar a las tropas estadounidenses, se armó con una daga, una pistola, una espada, textos cristianos, hachís y unas gafas de visión nocturna y se dirigió a las áreas tribales sin ley cerca de la frontera de Afganistán y Pakistán para cazar personalmente a Osama bin Laden.
The New York Times, 15 de junio de 2010. Sabrina Tavernise y Dan Frosch. Noticia sobre el arresto en Pakistán de un hombre con una misión.

4. Y PARA TERMINAR (de los libros se aprende)

El caballero Trelawney, el doctor Livesey y los demás gentileshombres me han pedido que relate los pormenores de lo que aconteció en la isla del Tesoro, del principio a fin y sin omitir nada excepto la oposición de la isla, y ello por la sencilla razón de que parte del tesoro sigue encerrado allí; cojo, pues, la pluma en el año de gracia de 17… y me remonto a la época en que mi padre regentaba la posada del Almirante Benbow, y el viejo lobo de mar con la cara tostada y marcada con un chirlo de sable vino a hospedarse bajo nuestro techo.
La isla del Tesoro. 1883. Robert Louis Stevenson. 

Era un viejo que pescaba solo en una barca en la corriente del Golfo y llevaba ochenta y cuatro días sin coger un pez. Durante los primeros cuarenta días había tenido consigo a un muchacho. Pero después de cuarenta días sin haber pescado, los padres del muchacho le habían dicho que el viejo estaba definitiva y rematadamente salao, que es la peor forma del infortunio, y por orden de sus padres el muchacho había salido en otro bote que en la primera semana cogió tres buenos peces. Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todos los días con su barca vacía, y siempre se acercaba a ayudarle a cargar los rollos de sedal o el bichero y el arpón y la vela arrollada al mástil. La vela estaba remendada con sacos de harina y, arrollada, parecía la bandera de la derrota permanente.
El viejo y el mar. 1952. Ernest Hemingway

Algunos de estos ejemplos han sido sacados de los libros El periodista universal y El estilo del periodista, y de las páginas web Columbia Journalism Review y Columbia University

 

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Un comentario en “Homenaje a la entradilla

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