Jot Down, los reyes del refrito

refrito
Todos hemos cocinado refritos, pero jamás nos hemos creído un gran chef por eso. En el periodismo, ‘Jot Down’ vende refritos y se cree el ‘New Yorker’ español. 

“Algo que parece molestar a los lectores
tanto como el plagio, aunque no lo sea:

lo que podríamos llamar periodismo
de refrito y composición.  Son artículos
‘tan inspirados’ 
 en otros,  que parecen copiados”.
Milagros Pérez de Oliva. Periodista

El refrito parecía herido de muerte. Y, sin embargo, sigue vivo.

Reinó, sobre todo, antes de Internet. El corresponsal podía leer la prensa de su destino, que tardaba en llegar a España, y con lo que pescaba de varios diarios retrataba lo que ocurría en el país. Los más honestos citaban las fuentes. Si podían, añadían alguna fuente propia o alguna descripción. Los más piratas robaban sin piedad.

Es un periodismo de último recurso, justificado en muchas ocasiones. Es la tabla de salvación si uno tiene prisas, carece de fuentes porque acaba de llegar a la ciudad, le pilla el toro por despiste o, simplemente, algún colega de la competencia saca una exclusiva difícil de obviar. Se cita la fuente, más arriba o más abajo, se incluyen las reacciones y ya. Jamás, o al menos hasta los últimos años, a un periodista sensato se le ocurría sacar pecho por el resultado de un refrito. Era una parte del trabajo, tan fea como editar un teletipo, que había que hacer cada cierto tiempo obligado por las circunstancias.

Con el acceso a internet, como remarcaba la respetada Milagros Pérez Oliva, el refrito se hizo más rastreable. El lector puede guglear y localizar las fuentes de las que había mamado el artículo. En algunos casos los parecidos son tantos que resulta difícil distinguir entre refrito y plagio. Se cita a los mismos personajes y se incluyen las mismas citas. Se practica más entre los colaboradores que el personal fijo de la redacción, según Pérez Oliva. Las causas son muchas. Algunos colaboradores se sienten incapaces de rechazar un encargo para no perder la confianza de la publicación. Necesitan ingresos. Deben pagar un alquiler. Su situación suele ser más apurada.

En los últimos años, con la bajada de los precios de avión, el refrito ha ganado peso. El colaborador indaga en internet sobre un destino, lee la prensa de ese país y, tras seleccionar los reportajes que más le han gustado, viaja. A la vuelta, regresa con una pila de artículos que viene a ser una copia de los textos que había escogido antes de viajar. Entrevista a los mismos personajes, incluye algo más de contexto para el público español  y vende en Madrid como descubrimiento lo que un periodista local ya descubrió mucho antes.

Revistas como Jot Down tienen mucha culpa de que el refrito vuelva a reinar y esté calando entre los periodistas jóvenes. La revista cultural aspiraba en un principio a ser el “The New Yorker español”, pero ha acabado siendo una Wikipedia adornada que incluye entrevistas pactadas (sí, pactadas) en las que el entrevistado puede luego cambiar sus frases en el proceso de edición. Para el que no lo conozca, The New Yorker es una revista de EE UU que se edita semanalmente y que desde su fundación en 1925 ha publicado alguno de los mejores reportajes de la historia. Sus reporteros dedican meses para escribir un texto. Viajan las veces que haga falta y, ya de vuelta, tienen a su disposición a los mejores editores y a un departamento de verificación de hechos que todo buen periodista, más que detestarlo, debe sentir como una ayuda para evitar errores. En una ocasión, los verificadores de hechos del New Yorker llegaron a consultar con un botánico si la flor roja que había visto Jon Lee Anderson en Afganistán era realmente una petunia roja como el reportero escribía.

Desde octubre del año pasado, Jot Down edita cada mes una revista mensual con El País. Se llama Jot Down Smart y, pese al nombre, es de todo menos inteligente. Republica refritos. En la edición de febrero, su número cinco, incluyó uno que firmaba Manuel Jabois sin avisar al lector que ese texto había sido publicado en 2011.  Para mayor enredo, la pieza era un refrito de un refrito. Jabois escribió sobre el libro Correr, de Jean Echenoz. El escritor francés completó esa obra tras leer todos los artículos sobre atletismo que había sacado entre  1946 y 1957 el diario deportivo L’Equipe. No hizo nada más que eso, pero al menos advirtió en las entrevistas promocionales que el libro no era una biografía del atleta Zatopek. Escribió sobre lo escrito y añadió algo de ficción para darse como novelista un “margen de libertad”. Jabois vuelve a contar lo que cuenta en el libro Echenoz, pero incluyendo como ciertas escenas que el francés se inventó, como diálogos que nadie pudo anotar.

El triunfo de este tipo de refritos de los que Jot Down saca pecho solo se puede explicar por la falta de cultura de su público, que ve como nueva una historia muy vieja.

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Un comentario en “Jot Down, los reyes del refrito

  1. Bueno, puedo decir que no estoy nada de acuerdo contigo.
    Probablemente Jot Down esté editando los mejores reportajes periodísiticos del país, y sin duda alguna Manuel Jabois es uno de los más prestigiosos periodistas actuales de las letras españolas que además en ese artículo avisa al principio y al final de que está haciendo una reseña del libro de Echenoz.

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